Pincha aquí para acceder a mis
Redes Sociales:

Nuria Morales

+34 601 929 010

¿Te imaginas poder vivir con todo el potencial del que vienes provisto?

Reconexión Personal y Sanación Reconectiva

DIFICULTADES EN EL CAMINO

¿A qué llamo camino? Al proceso de sanación que emprendemos cuando decidimos despertar la conciencia. 

Parece una moda… “Despertar la conciencia”. Y muchas personas creemos estar despiertas dentro del sueño, sólo porque nos ha llegado la información de que la realidad es más de lo que percibimos con nuestros cinco limitados sentidos y hemos tenido, en mayor o menor medida, alguna experiencia puntual de iluminación. Pero lo cierto es que despertar es mucho más.  

Cuando uno está despierto se acaban los juegos manipuladores de la mente. Se acaba el echar la culpa a los demás de las circunstancias que nos rodean para comprender que todo lo que experimentas es una creación propia. Es la frecuencia vibratoria individual la que emite unas señales que van a atraer unas situaciones u otras.  ¿Y Para qué? Para poder vernos. Necesitamos lo externo para reflejarnos.  

Para saber en qué punto evolutivo estoy interiormente, miro mi exterior y entonces me veo. Si percibo algún conflicto es porque está dentro de mí y lo acojo como una enseñanza maravillosa que viene a mí para que aprenda más de quién soy. 

Incluso las enfermedades, que es lo que más quise evitar porque aprendí a rechazar lo incómodo, me han traído la información que necesitaba en cada momento para saber en qué punto estoy del camino.  Yo creía que las enfermedades, los accidentes, y, en general, las crisis que he tenido a lo largo de mi vida eran producto de la mala suerte o el karma o el mismo demonio poniéndome trabas. Y mi actitud era lamentarme de todo lo que me pasaba, con lo cual entraba en un círculo vicioso en el que la angustia vital que sentía atraía sucesos adecuados a esa vibración y esos sucesos me llevaban a seguir experimentando la angustia. Que no significa que sea malo o bueno, sino una parte de mi experiencia vital.  

¡Pero qué maravilla poder mirar con otros ojos! ¿Y qué otros ojos son esos con los que me miro ahora? Son los ojos del corazón. 

 Cuando experimento algo que me hace daño no lo rechazo. Lo miro, analizo por qué me duele, lloro si lo necesito, reconozco incluso no saber qué me pasa a veces y por qué siento las cosas, pero abrazo la emoción, aunque sea desesperada… Y entonces me rindo. Y es ahí, justo en ese momento de aceptación de la emoción, por muy negativa que sea, que aparece el amor. Es un amor interno que viene de lo más profundo de mi ser, a acompañarme en el proceso. A recordarme que no estoy sola y que sentir es una bendición que se me ha concedido como ser humana. Es un amor que me enseña que las emociones que llamamos negativas no son buenas ni malas sino una expresión más del amplio abanico emocional del que venimos provistos. Y entonces, como si de una película de cine se tratara, de una película que me haya tenido llorando mientras dura dicho film, pero que finalmente acaba muy bien y pienso “qué buena es”, pues de igual manera la vida me trae eventos que no son sino regalos que poder experimentar, y de los que encima aprendo algo nuevo de mí. Aprendo que mi emoción va conectada a mi mente y que es ésta la que me ha hecho interpretar las cosas de determinada manera para llegar a ese estado concreto de la emoción. Y aprendo a confiar… A entender que todo es perfecto. Que ese suceso que me ha causado dolor tenía el propósito de que yo comprendiera cómo va evolucionando mi mente. Y que igual que, al terminar la película, y a pesar de haber llorado, sales de la sala feliz, así en mi vida puedo hacer lo mismo: no me niego la emoción. La observo y la experimento con toda su intensidad y me amo sintiendo lo que siento. No me culpo, no me recrimino no me censuro… Me amo. Pero no fue fácil para mí entender que eso era ir despertando mi conciencia. Que no podía hacer un bypass espiritual e ir directa a la luz sin transitar mis sombras. Que hay que meterse en los infiernos personales para poder después resucitar y ascender.

Sin embargo, debo admitir que no fue hasta que abrí mi corazón y dejé que ese amor interno me acompañara en mis procesos que pude empezar a mirarme. Debo admitir que mi camino evolutivo está siendo tan largo y ha sido tan doloroso a veces, porque me había desconectado del amor. Y en mi caso, necesité de la Reconexión Personal para poder percibirlo de nuevo y meterme de lleno en mi historia personal y sanarla desde la raíz. Doy gracias a la vida por ello.

Nuria Morales Sancho