Hay una extendida creencia de que ser espiritual lleva aparejado ser pobre.
Hay que renunciar a lo material, andar medio en cueros, o con una simple túnica, comer alguna fruta si tienes la suerte de vivir en un área que no sea urbana, y, sobre todo, si has trabajado alguna habilidad relacionada con la sanación, no debes cobrar. Me pregunto de dónde vendrá tal creencia. ¿De los faquires de la India? ¿De los frailes franciscanos? ¿O tal vez de una serie de personas, con suficiente poder como para influir en la población, que quiere evitar que las personas atiendan a su lado más espiritual relacionándolo con escasez y ésta a su vez con miedo, para evitar que la población esté conectada? (Suena conspirativo, ¿verdad?).
Lo cierto es que ser espiritual no implica pobreza. Seres espirituales lo somos TODOS, seamos más o menos conscientes de ello. El único problema es que algunos nos desconectamos del Espíritu y nos pasamos media vida, o la vida entera, buscando fuera lo que tenemos dentro: el amor y la sabiduría.
¿Qué relación tiene lo espiritual con lo material? Pues en esta dimensión de espacio/tiempo una relación absoluta. Para empezar, nuestro espíritu inmaterial viaja en un cuerpo material. Un cuerpo que debe ser alimentado con materia orgánica e inorgánica. Que debe ser vestido con materiales textiles y cobijado bajo techos, permitidme la redundancia, materiales también. Así que, si bien respeto a los ascetas que han tratado de reconocer su espíritu renunciando a lo material, porque todas las opciones son válidas, no comparto para nada que el ser espiritual, es decir, todos los humanos, debamos vivir en la escasez.
Todo lo contrario, considero que la abundancia es lo propio de un ser conectado.
Me gusta mucho un versículo de la Biblia de Jerusalén que hablando sobre las necesidades materiales dice “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todas esas cosas se os darán por añadidura”. ¡Y es que ya se sabe que necesitamos de lo material para experimentar esta existencia! ¿Quién ha distorsionado el significado de ser abundante como si eso fuera ser mezquino?
Y aquí vendría una segunda reflexión. ¿Es la abundancia y el dinero lo mismo? No, no lo es. Yo creo que la abundancia manifiesta un estado de conciencia al igual que la escasez. Mi mundo externo refleja mi mundo interno. Por eso no puedo entender de dónde sale la idea de que, si estoy bien conectada con mi espíritu, lo que me da una riqueza interior sin comparación, tenga luego que reflejar todo lo contrario en mi mundo exterior. ¡Me resulta absolutamente incongruente!
Respecto al dinero, opino que no tiene fuerza ninguna. Es una energía neutra, que puede ser usada de una manera productiva y creativa o destructiva. Querer juzgar al dinero me resulta tan absurdo como querer evaluar la bondad o la maldad de un coche ¿Es malo porque se producen accidentes y dentro de ellos se han hecho, a veces, cosas que interpretamos como desagradables, o es bueno porque nos lleva a donde queremos ir? No creo que un coche sea ni bueno ni malo. En mi opinión, el coche es una energía neutra. Igual que el dinero. ¿A qué llamo energía neutra? A la materia que no me condiciona.
Y por último está el tema de que no se deben cobrar los servicios relacionados con la sanación espiritual. Y me vuelvo a preguntar qué determina que un servicio se pueda cobrar o no. Creo que todos tenemos una misión en la vida que puede ser enseñar, cocinar, cuidar el campo o los animales, bailar, tocar música, hacer teatro o hacer deporte… Hay cientos de profesiones. Y todos cobran (algunos millones de euros). E incluso está bien visto que se puedan cobrar los servicios de salud y bienestar si sólo se relacionan con el cuerpo, como nutricionistas, ginecólogos, o cualquier otro empleado o empleador del sistema sanitario, pero si mi misión es ayudar a otras personas a que se reconecten consigo mismos no debo cobrar. ¿Por qué? ¿Es mi ayuda menos válida que la que ofrece un futbolista? Y aquí hay personas que dicen “porque si tienes ese don es un regalo de Dios y no puedes cobrar por algo que se te ha regalado”. Pero ese es otro error. La reconexión y la sanación es una capacidad de todo ser humano. No es un regalo que se me haya hecho a mí particularmente. Todos tenemos acceso a ese estado. Pero igual que si nos rompemos una pierna vamos al médico a que nos la arregle y no consideramos ni que sea un don ni que tenga que hacerlo sin cobrar, si se nos “rompe la conexión” también hay que ir a que te reconecten sin considerar que sea un don y que haya que hacerlo gratis. En mi caso he tenido que formarme pagando buenas sumas de dinero y valoro mi profesión, así que no trabajo gratis. Y me alegra saber que también cobran practicantes de otras herramientas que se dirigen al mismo objetivo que yo, porque para reconectarte hay infinidad de caminos y profesionales que ayudan en el proceso.
Por otra parte, si yo pienso que un profesional debe cobrar y otro no, atiendo a mis pensamientos y mis emociones sobre qué es lo que me ha llevado a esas conclusiones. Qué ideología se esconde detrás. ¿Por qué me parece bien pagar a un dependiente que me vende la comida, a un médico, o al que me hace esta página web y no me parece bien pagar, según que cantidad, a un guía espiritual? A lo mejor es porque sé que yo ya soy mi guía… Pero también soy mi cocinera y no protesto para pagar en un restaurante. Así que si me surgen conflictos sobre a quién quiero pagar y a quién no, tengo una maravillosa oportunidad de autoconocimiento y en vez de repetir discursos que ya he oído de otras personas, miro en mi interior, analizo lo que me pasa, lo respiro, lo integro y agradezco por tan bella ocasión.
¿Y tú? ¿Pagas a gusto o a disgusto?
Nuria Morales Sancho